sábado, 9 de noviembre de 2013

La cueva de Ardales o de Doña Trinidad Grund. Datos para un estudio de su ecosistema ( I )



                           
                La cueva de Ardales (arriba, foto de la entrada habilitada para su acceso), más conocida antiguamente con el nombre de Doña Trinidad Grund, se encuentra situada a dos kilómetros del pueblo de Ardales (provincia de Málaga). Aunque sobre su descubrimiento no hay datos muy fidedignos, parece ser que un fuerte terremoto registrado allá por 1821 produjo el hundimiento del tapón de escombros que sellaba desde fines del Neolítico la entrada a la cueva. En un principio la relación de la cueva fue más estrecha con la villa de Carratraca, pueblo situado a muy pocos kilómetros de Ardales; esto fue así porque el primero tenía un balneario de aguas medicinales al que acudían gente de la sociedad acomodada de la época e incluso famosos. Gran mecenas del pueblo de Carratraca fue Doña Trinidad Grund, propietaria del balneario además del hotel del mismo y que acabaría comprando la cueva para incluirla como visita turística. La misma sería acondicionada con escaleras esculpidas en la roca y palometas para sostener las antorchas que servían para alumbrarla. Durante gran parte del siglo XX la cueva permaneció en el olvido, recibiendo esporádicas visitas y llegando su deterioro a ser muy visible; la vulnerabilidad de la cancela instalada se hizo evidente. Cuando en 1971 el autor de estas líneas la visitó por primera vez todavía existía esta cancela y para entrar en ella hubo que pedir la llave de la misma en el pueblo, realizándose la visita acompañado del policía municipal. No mucho tiempo después la cancela sería forzada permaneciendo abierta de manera permanente. Ya en los años 60 del pasado siglo llegó incluso a desaparecer como referencia bibliográfica.


Y esto sería así hasta los años 80 del siglo pasado, en concreto hasta 1981, cuando un equipo del G.E.S.M (Grupo de Exploraciones Subterráneas de Málaga) de la Sociedad Excursionista de Málaga compuesto por los espeleólogos Federico Ramírez Trillo, Pedro Cantalejo Duarte, José Luis Sanchidrián, Juan Antonio Molina, Antonio Vela y Jesús Corcelles Santiago (arriba en la foto) se involucraron en un proyecto de estudio de la cueva con vistas a su recuperación y posterior protección. A dicho equipo se unirían posteriormente el espeleólogo Manuel Cisneros Macho, el geólogo Juan José Durán Valsero, la arqueóloga María del Mar Espejo y el profesor Ramos, contando con el apoyo del Ayuntamiento de Ardales en las personas de sus sucesivos alcaldes Doña Remedios Palomino y Don Salvador Pendón Muñoz.


SITUACIÓN Y DESARROLLO.-

La cueva de Ardales o de Doña Trinidad Grund se encuentra situada en la Sierra de Alcaparaín, en las estribaciones de la Serrezuela y próxima al pueblo de Ardales del que recibe su nombre actual. Esta sierra forma parte de la cadena montañosa que constituye la Serranía de Ronda, que a su vez se incluye dentro del Sistema Penibético, al sur de España. También se encuentra muy cerca del Paraje Natural del Desfiladero de los Gaitanes, en la zona conocida con el nombre de El Chorro. La cavidad se desarrolla en materiales carbonatados que afloran entre los pueblos de Ardales y Carratraca.

La boca de la Cueva de Ardales se abre a 565 metros de altitud sobre el nivel del mar, en la falda norte del conocido como Cerro de la Calinoria; el desarrollo topográfico conocido en la actualidad suma en total 1.577 metros, siendo su proyección en planta de 1.394 metros. En relación a la boca de entrada, el punto más bajo se encuentra en las Galerías Blancas a -27,63 metros y el más alto en el Camarín, a +6,68 metros. El desnivel máximo es, por tanto, de 34,31 metros.




En los años 70 del siglo pasado, para acceder a la boca, era habitual dejar aparcado el vehículo a la salida de Carratraca en la carretera que comunica con el vecino pueblo de Ardales (en la foto de arriba); desde allí se cogía una trocha que pasando por el cortijo de La Calinoria nos llevaba hasta la cavidad. Hoy día existe una pista forestal o carril que permite el acceso en coche hasta la misma boca de la cueva; las visitas se efectúan en grupo con un guía, previa reserva.

Cuando se llevó a cabo, allá por 1981, la campaña de limpieza y adecuación de la cueva para las visitas se tomó la decisión de proteger la misma mediante su cierre con una puerta lo suficientemente fuerte que no pudiera ser forzada. La solución no era fácil pues es sabido lo vulnerables que son las cancelas en el campo, en este caso en la boca de una cavidad; se optó finalmente por instalar una puerta acorazada que se podría decir es prácticamente invulnerable. A pesar de eso se ha intentado forzar, pero sin éxito.

La cuestión es (desde mi punto de vista) que la instalación de esa puerta acorazada ha tenido que afectar al ecosistema de la cavidad y en mi opinión en su momento no hubo una actuación equilibrada entre protección y conservación. Y esto sin tener en cuenta otras consideraciones como la estética, pues esa especie de pirámide maya no me ha parecido nunca en ese sentido la mejor solución. La puerta cierra totalmente la entrada de la cavidad; sólo se ha dejado un tubo de unos 20 centímetros en la parte alta de la entrada para la "respiración" de la misma.

Es cierto que las puertas en forma de reja pueden ser vulnerables, pero la instalación de puertas blindadas del tipo "cámara acorazada", que impiden totalmente el intercambio gaseoso con el exterior, puede comprometer y de hecho compromete la conservación de esos lugares subterráneos. La boca de una cavidad es como un pulmón de la misma pues gracias a ella todo el sistema subterráneo respira; si bloqueamos esta respiración podemos producir alteraciones a diferentes niveles que serán responsables de reacciones en cadena entre las cuales el clima representa un papel importante. Según la investigadora Claudine Andrieux: " La instalación de una puerta maciza en la boca de una gruta tiene el efecto de anular una convección forzada permitiendo el establecimiento de una convección libre; cuando se modifica el régimen termodinámico de una cueva, es el conjunto del comportamiento de los factores climáticos subterráneos el que se modifica".

Yo por mi parte añadiría que ese impacto puede ser más notable cuando hablamos de una cueva abierta a las visitas turísticas; aunque también es cierto que ese régimen de visitas está muy controlado en el caso de la cueva de Ardales.




Arriba podemos ver una separata de una publicación de 1964 cuyo autor fue D. Simeón Giménez Reyna, arqueólogo y Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas de la Ciudad de Málaga y titulada "La cueva de Doña Trinidad en Ardales". La edición corrió  a cargo del Instituto de Prehistoria y Arqueología de la Diputación Provincial de Barcelona. De esta separata es el croquis de la cavidad que podemos debajo de estas líneas y la fotografía de la gran cierva cuyo autor fue el, por aquella fecha, fotógrafo de la Delegación provincial de Excavaciones Arqueológicas E. Ortega. En este trabajo colaboraron el Jefe y Subjefe del Grupo Arqueológico de la O.J.E  Juan Manuel Muñoz Gambero y Antonio Gálvez Pacheco.