jueves, 19 de junio de 2008

El origen de la vida (y 5)



Hasta ahora, hemos podido ver las dificultades tan enormes para la aparición de la vida en nuestro planeta Tierra. Y hemos hablado sobre una cuestión muy interesante e incluso fundamental (para muchos investigadores): la atmósfera reductora. Esta idea se debió a Harold C. Urey, profesor de la Universidad de Chicago, que recibiría el Premio Nóbel de química. Sin embargo, ya a principios de la década de los años ochenta del siglo pasado, aparecieron dudas sobre esta hipótesis de Urey acerca de la atmósfera reductora. Estas dudas se deben a los experimentos de laboratorio y a los modelos por ordenador realizados por esa fecha por James C. G. Walker, profesor de la Universidad de Michigan; Walker asevera que las radiaciones ultravioletas procedentes del sol, hoy frenadas gracias a la presencia del ozono atmosférico, habrían destruído las moléculas hidrogenadas de la atmósfera. Como consecuencia, el hidrógeno libre habría escapado al espacio.
De acuerdo con los experimentos realizados por Walker, los dos principales componentes de aquella atmósfera eran el dióxido de carbono y el nitrógeno, gases liberados por las erupciones volcánicas; en su opinión, esta clase de atmósfera no habría sido la más favorable para la síntesis de los aminoácidos y otros elementos precursores de la vida. Además, según las conclusiones de James F. Kasting, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, el dióxido de carbono habría actuado produciendo un desmesurado efecto invernadero, elevando la temperatura de la superficie terrestre casi hasta el punto de ebullición. No obstante, el modelo de la atmósfera reductora sigue contando con sus defensores como el profesor Stanley L. Miller.
En los últimos 30-40 años las investigaciones realizadas han llevado a muchos científicos dedicados a este tema a sospechar que la vida empezó en el fondo de los oceanos; ellos se basan en el descubrimiento en la década de los años setenta de "humeros" o surgencias hidrotermales en fondos marinos cerca de las islas Galápagos (Ecuador); posteriormente se han decubierto más humeros en las cordilleras submarinas formadas cerca de la confluencia de dos placas tectónicas. Los humeros alojan comunidades de organismos, como las bacterias, cuya principal fuente de energía no es la luz solar sino los compuestos azufrados emitidos por estas surgencias; los humeros podrían haber aportado los nutrientes necearios para crear y mantener la vida. El interior de ellos podría a su vez haber proporcionado protección contra los efectos letales de buena parte de los impactos extraterrestres.
Finalmente tenemos que decir que también en todo esto hay controversia, pues si bien hay científicos que piensan que la vida se pudo originar en estos humeros, hay otros que piensan que la vida se originó en la superficie y buscó protección contra los impactos extraterrestres en estas surgencias situadas en aguas profundas.
(*) Arriba: foto de un humero descubierto a finales de los años setenta del pasado siglo cerca de la islas Galápagos (Ecuador).

2 comentarios:

siroco dijo...

Realmente deliciosa la serie del origen de la vida.

Mi opinión es que la vida se originó, como una de las hipótesis que planteas más plausibles de los fondos marinos. Ahí va un pequeño toque lírico a esa opción con un poemilla que escribí hace unos años:

"La primera poesía de nuestra vida nació del mar,
todavía puedo oir la caricia con que la tierra y el mar se encuentran para saludar la venida del hombre,
todavía puedo ver como el sol labra un mar de estrellas en el agua para dar camino y poder al nacido de un soplo divino."

Gracias por tus enseñanzas y adelante...

Manuel Wallace Moreno dijo...

La verdad es que el mar ha sido siempre fuente de inspiación para los poetas; el mar.... o la mar; esto último suena como más poético, como les gusta llamarla a los marinos. Una veces tranquila, otra veces una verdadera furia. A mí me gusta el mar en Invierno o, en todo caso, en Otoño; ese "Levante Otoñal" que decía Joan Manuel Serrat en su canción "Mediterráneo".