sábado, 1 de noviembre de 2008

( 5 ) Alfred Russel Wallace ( y II )

En 1876 Wallace publica "La distribución geográfica de los animales", considerada hoy día un auténtico clásico. A la izquierda podemos verlo en una foto de la época a los 66 años de edad.Ya en 1863, había trazado la línea que, en su opinión, separaba la región Oriental de la Australiana. Esta línea recibiría el nombre de "Línea de Wallace". Marca el límite biogeográfico muy preciso que separa regiones que son en cuanto a la fauna y la flora muy diferentes. Esta línea pasa entre las islas de la Sonda, Nueva Guinea y las Célebes por un lado y Java, Borneo y Filipinas por otro. Años más tarde, el investigador Weber efectuó una corrección sobre la misma y señáló una línea diferente, de forma que entre las dos quedó un conjunto de islas a las que es aventurado incluir en cualquiera de las dos regiones zoogeográficas, y forman para algunos autores una nueva: la wallacea. Después de su viaje por el sureste de Asia, Wallace volvió al Reino Unido; llevaba consigo más de 125.000 ejemplares del reino animal.
Alfred Russel Wallace está considerado hoy día como uno de los padres de la Biogeografía; para él, las glaciaciones y el clima en general contribuyeron de una manera decisiva a la distribución de los organismos. En el transcurso de los años su recuerdo cayó en el olvido porque a Darwin se le ha asignado el crédito absoluto sobre el descubrimiento de la selección natural, algo que es injusto. Algunos de sus contemporáneos le acusaron de infringir una regla ética que todo científico debe observar y que dice que: "un hombre de ciencia no debe exponer de una manera tan evidente sus convicciones personales".
Wallace se alejó de Darwin en lo referente a los mecanismos de la evolución humana: creía que la selección natural no podía explicar por sí sola las facultades humanas superiores. Mientras Darwin evolucionó hacia posiciones agnósticas Wallace, que era creyente, se convirtió en un espiritualista. En 1889 escribió una obra : El Darwinismo; ya antes había dirigido una carta a E.B. Poulton a quién le pidió, antes de publicarla, que releyese las pruebas del capítulo sobre el hombre. Además de la carta a la que hemos hecho referencia al principio, Wallace dirigió otra más a Darwin (en el año 1869) donde es muy claro y le expresa sin dudarlo sus reparos. Distingue entre "evolución moral y evolución corporal", descartando toda interpretación puramente biológica del origen del hombre, aunque él no cuestionaba la idea de la Selección Natural; Darwin, que estaba informado de la obra que iba a publicar, le dirigió una carta en la que le manifestaba su inquietud: "Confío en que no habrá asesinado del todo a nuestro hijo común", le dijo.




( * ) Arriba, a la derecha, fotografía de Alfred Russel Wallace. Publicada en la revista científica Nature.




( 4 ) Alfred Russel Wallace ( I )

Alfred Russel Wallace, distinguido naturalista inglés, nació el 7 de Enero de 1823 y murió un 7 de Noviembre de 1913 a la edad de 90 años. Pasó doce años de su vida en Malasia, recorriendo ese vasto archipiélago y estudiándolo detenida y cuidadosamente. Cuando era todavía un joven naturalista que trabajaba en las Indias Orientales, desarrolló, de forma independiente, la teoría de la Selección Natural. En 1855 publicó un artículo titulado "On the law wich has regulated the introductión of new species", en el que defendía la evolución.



En el año 1858 publica otro artículo titulado "On the tendency of varieties to depart indefinitely from the original type". En el mismo, Wallace propone la selección natural como el mecanismo que nos puede explicar la transmutación de las especies; se lo remite a Darwin, quien se da cuenta que Wallace acaba de llegar a unas conclusiones a las cuales él está llegando después de 20 años de estudios e investigaciones. Aunque esto no supone un enfrentamiento entre los dos, en la carta de respuesta que Darwin le envía le dice que le disgustaría profundamente que alguien pudiera publicar estas conclusiones antes que él. Finalmente el 1 de Julio de 1859 Darwin lee sus conclusiones en la Sociedad Linneana de Londres junto con las de Wallace, al cual va a acreditar como co-descubridor.




En 1869 publica su libro "Viaje al Archipiélago Malayo", libro fascinante donde recoge todos sus estudios como naturalista durante sus viajes por estas regiones; cuando en 1894 la Sociedad Geográfica de París le otorgue la medalla de oro, en su dictamen dirá que: "El mas notable de todos los viajes a la Oceanía verificados hasta ahora es, sin disputa, el de Alfred Russel Wallace". El descubrimiento de los verdaderos límites entre Asia y Oceanía, basándose en las profundidades oceánicas, y este apasionante relato, le valieron al autor tan alta recompensa.



(*) Arriba, fotografía de Alfred Russel Wallace. Publicación científica Nature.


miércoles, 29 de octubre de 2008

( 3 ) Charles Darwin ( y II)

Alrededor de 1854, año en el que publicó una extensa monografía sobre los percebes que le llevó unos 8 años, Darwin posó para esta fotografía; seguía, mientras tanto, en lo que él llamaba su "trabajo de las especies": leyendo, atendiendo la correspondencia, coleccionando, experimentando y tomando notas sobre el tema de su obra principal, pero retrasando su redacción hasta 1856. Dos años más tarde, la noticia de que A. Russel Wallace había llegado a desarrollar por su cuenta la idea de la "selección natural", impulsó a Darwin a preparar el "resumen" que conocemos como "El origen de las especies". ("On the Origin of Species"). Darwin vivió y trabajó en su casa de Down House Kent desde 1842 hasta 1882, año de su fallecimiento a la edad de 73 años. Fué enterrado en la abadía londinense de Westminster.

martes, 28 de octubre de 2008

( 2 ) Charles Darwin ( I)


Charles Darwin tenía 31 años y ya había publicado su diario del viaje alrededor del mundo en el H.M.S. Beagle cuando posó, en 1840, para el retrato a acuarela de George Richmond que vemos reproducido aquí. Para entonces, a juzgar por sus cuadernos de notas, Darwin había ya perfilado las características principales de su teoría de la Evolución a través de la selección natural. Hacía poco que se había casado, vivía en Londres y estaba escribiendo una monografía sobre los arrecifes coralinos, volviendo de vez en cuando a sus apuntes sobre las especies que habian de culminar en 1859 con "El origen de las especies". Al sopesar sus observaciones efectuadas en las Islas Galápagos, Darwin llegó a la conclusión de que la población de cada isla constituía una especie incipiente y, con ello, a la idea de "transmutación" o evolución de las especies. Después vendrían muchos años de observación y experimentación, con amplios conocimientos de geología, zoología y otras materias que adquiriría tras muchas horas de lectura.
(*) Grabado a acuarela. Reproducción del siglo XIX en la publicación científica Nature.

( 1 ) Lamarck


Jean Baptiste de Monet de Lamarck, investigador y naturalista francés nació en 1744 y murió en 1829. Al principio se dedicó a la botánica e ideó el sistema de claves dicotómicas que aplicó a los vegetales. En 1772 fué nombrado profesor del "Jardin des Plantes" (Instituto de Biología General) y se dedicó a la zoología, a la que prestó múltiples servicios; estudió intensamente los invertebrados, a los que separó por completo de los vertebrados; se aproximó a la teoría celular, que formularon 35 años después Schleiden y Schwann. Los estudios sistemáticos le llevaron a formular su teoría de la Evolución, que expuso en"Philosophie zoologique", en 1809, donde afirmó que las especies no son constantes, sino que derivan de especies preexistentes (Lamarckismo).

Lamarck invoca cuatro principios: 1) Existencia en los organismos de un impulso interno hacia la perfección; 2) La capacidad de los organismos para adaptarse a las circunstancias, es decir, al ambiente; 3) El hecho frecuente de la "generación espontánea"; 4) La herencia de los caracteres o rasgos adquiridos.




(*) Arriba, grabado de Lamarck hacia finales del siglo XVIII. Extraído de la revista Nature.


miércoles, 24 de septiembre de 2008

Toma de datos en una cavidad (I)




Mis inicios espeleológicos fueron la práctica de la espeleología desde su vertiente deportiva; esto era algo lógico, porque la espeleo es fundamentalmente un deporte, que además se practica en contacto con la naturaleza. Pero ya he dicho antes en este blog que para mí no era suficiente; la exploración me gustaba, sin duda, pero me interesaba mucho el aspecto científico de la espeleo. Me sentía atraído por la Bioespeleología y por la Espeloclimatología, pero no sabía cual elegir.



Al principio me incliné por la Bioespeleología; en el grupo de espeleología al que yo pertenecía entonces sito en la calle Tejón y Rodriguez de Málaga había un compañero, Antonio Gil Algaba, que ya se dedicaba a esto aunque con las carencias y dificultades que se tenían por aquella época. Carencias en todo tipo de material como lupas, microscopios, pinzas, libros de claves para identificación de especies, etc. A esto se añadía la dificultad en poder contactar con especialistas, y que en la Málaga de 1970 no se había creado todavía la Universidad y por lo tanto no había una Facultad de Ciencias.




Por eso, ya en 1972, había tomado la decisión de dedicarme también a la Espeloclimatología; en ello influyó ( y mucho) las visitas a diferentes cavidades que hice con Simón A. Carmona y de León-Sotelo, desgraciadamente fallecido el pasado mes de Julio de este año 2008. Simón, probablemente debido a su profesión, se venía interesando desde hacía ya algún tiempo por el estudio de las condiciones medioambientales en el mundo subterráneo; también, ya en aquellas fechas, pude leer las publicaciones de Adolfo Eraso (La corrosión climática de las cavernas) y de otros autores.Yo, que desde pequeño me había sentido atraído irresistiblemente por la observación de los fenómenos meteorológicos y por el seguimiento del clima en general y de Málaga en particular, no tardé en identificarme con los trabajos de Simón y Adolfo Eraso. Entonces pude darme cuenta de que un estudio climático de una gruta no era sólo medir la temperatura y la humedad de la misma; era algo mucho más complejo.



Desde aquellas fechas he venido compaginando las dos actividades, aunque tengo que confesar que en los últimos años me he dedicado más a la Espeleoclimatología que a la Bioespeleología, y esto a pesar de mi paso por la Facultad de Ciencias de Málaga donde estudié Biológicas; y aunque he publicado algún que otro trabajo sobre Bioespeleología, la mayoría de los últimos han sido sobre estudios climáticos en cavidades. La mayoría de ellos los he realizado en la provincia de Málaga, aunque también hay algunos de cavidades ubicadas en las provincias de Córdoba, Granada, Cádiz y Sevilla.




La toma de datos climáticos en una cavidad es una tarea que requiere paciencia y que lleva mucho tiempo; son muchos los que hay tomar: temperatura, humedad, presión, etc. Además, estos datos se toman tanto en el medio sólido (suelo, roca), aéreo (aire) y liquído (agua). Por otro lado, cuando queremos hacer un estudio más completo nos interesa conocer otros parámetros como ph del suelo y del agua, dureza del agua, presencia de nitritos, etc. Para ello necesitamos un instrumental que en algunos casos es caro aunque actualmente no difícil de encontrar: psicrómetro, termómetro, barómetro-altímero, etc. Finalmente, todos estos datos hay que interpretarlos y, en algunos casos, necesitamos efectuar cálculos mediante fórmulas para llegar a un resultado. A partir de aquí voy a ir exponiendo todos esos trabajos; algunos ya los he publicado, otros son inéditos. Espero que os resulten interesantes.



(*) Arriba el autor tomando unos datos para el estudio climático de la Cueva La Alquibla (Benalmádena). Foto archivo de Angel Muñoz Marín.







martes, 23 de septiembre de 2008

Factores abióticos ( Y 3)


Ya hemos visto que la cavidades presentan una condiciones termodinámicas que son ideales para que en su atmósfera haya un equilibrio que llamamos de "tipo difusivo". Por otro lado se ha comprobado que la acumulación del anhidrido carbónico (que es más denso que el aire) ocurre con preferencia en las zonas más profundas y aisladas de la misma, pasando de una concentración del 0,1% a 0,3%, cuando en la atmósfera epigea es del 0,03%. Al mismo tiempo, hay una tendencia en la atmósfera hipogea a enriquecerse en nitrógeno y empobrecerse en oxígeno.


La temperatura de la atmósfera de una cavidad no experimenta ningún cambio entre el día y la noche; anualmente la variación es muy pequeña, siendo prácticamente nula en las zonas profundas de la misma. De igual modo la atmósfera hipogea presenta un contenido en vapor de agua mayor, en la mayoría de los casos, que el de la atmósfera epigea.


Esta última cuestión es muy importante, porque del contenido de humedad va a depender el que haya vida o no en una cavidad. Las calizas, donde se desarrollan los fenómenos kársticos, aunque son impermeables tienen unas carácteristicas morfológicas muy interesantes: son rocas que se suelen presentar muy fisuradas. A través de estas fisuras entra el agua (este fenómeno se le llama "percolación" y al llegar a zonas profundas se pone en contacto con la atmósfera de la cavidad manteniendo el grado de humedad de la misma y favoreciendo al mismo tiempo el arrastre del CO2.


La temperatura del aire de una cavidad experimenta un descenso durante su proceso de humidificación, alcanzándose su temperatura final cuando se satura de vapor de agua; pero esta temperatura no va a coincidir con su temperatura de rocío que corresponde a las condiciones iniciales del proceso porque este ha ido ganando en humedad durante el transcurso de su transformación. Esta transformación tiene un carácter adiabático y se la denomina "temperatura de saturación adiabática".
(*) En la foto de arriba, una de las salas de la zona turística de la Cueva de Nerja. Esta cavidad ha sufrido como pocas el impacto de su apertura al turismo. Uno de los fenómenos más apreciables es su progresiva desecación en el transcurso de los años y su contaminación por algas y musgos. Foto archivo del autor